Cuando somos jóvenes, el cuerpo produce suficiente melatonina durante toda la noche, lo que permite un sueño profundo y continuo. Con el paso de los años, esa producción disminuye. Como consecuencia, el nivel de la hormona puede caer demasiado durante la madrugada, haciendo que el cerebro reciba la señal de despertar.
Esto significa que muchas veces no te despiertas por ruido ni por estrés, sino porque tu organismo simplemente ya no recibe la misma señal química para seguir dormido.
Además, pequeños factores ambientales pueden empeorar la situación:
luces de la calle
pantallas electrónicas
relojes con iluminación
luz del pasillo
Con la edad, el cuerpo se vuelve más sensible a estos estímulos.